Guido Ferrara

Nacido en 1931 en Arienzo San Felice, en la provincia de Caserta, hijo de Renato y Teresa Lombardi, el pequeño Guido Sergio Maria – este es su nombre completo – creció en un ambiente en donde, juntamente con los estudios (como él dice: era el auténtico trabajo), se divirtió con numerosas actividades laborales.
Apenas había cumplido la mayoría de edad, se convirtió en el exitoso propietario de un cine. Su cine era uno de los más frecuentados en la provincia porque, como él mismo explica, organizaba la programación como un espectador y no como un administrador.
Inscrito en la facultad de ingeniería mecánica, no descuidaba sus estudios y superó con óptimos resultados el periodo de dos años en que se puede frecuentar el politécnico. Faltaban pocos exámenes para su graduación cuando su capacidad innata de organización y su deseo de conocer lo llevaron a aceptar el encargo que le ofreció su abuelo materno, Pellegrino Lombardi: gestionar de forma independiente el molino y la fábrica de pasta de la cual el abuelo era titular.

Guido Ferrara

Guido Ferrara

Pensó que podía compatibilizar los estudios con el trabajo pero la exigente gestión de la empresa le obligó a tomar una decisión que, dolorosamente, por una parte, se llevó a cabo en favor de la actividad empresarial.
El exclusivo empeño e incesante evolución del trabajo conllevó, debido a la diversidad de visiones modernas y de concepción, diferencias con el abuelo que tuvo que aceptar en favor del nieto a pesar de ser éste en esa época una celebridad en el sector de la producción de pasta ya que había empezado en los años treinta del siglo anterior a inventar maquinaria para la producción y deshidratación de ciclo continuo, como cuentan las patentes asignadas a Pellegrino Lombardi.

Gracias a la amplia experiencia adquirida y debido a las continuas diferencias con el abuelo, a los veintisiete años, Guido Ferrara, tomó la decisión de construir su primera fábrica en San Paolo Bel Sito, en la provincia de Nápoles, donde, además de a la producción, se dedicó a la búsqueda de innovaciones tecnológicas continuas. Una vez llevados a cabo minuciosos estudios realizó y difundió la deshidratación de la pasta a altas y altísimas temperaturas; tecnología que hoy en día emplean todas las fábricas de pasta del mundo.
Al mismo tiempo se dedicó a la floricultura, estableciendo sólidas relaciones con la sociedades holandesas más importantes del sector; lo que contribuyó a la realización de nuevas variedades de tulipanes.

Estos fueron también los años en los que estuvo ocupado con una actividad social bien extendida en San Felice a Cancello. Su gran pasión por el fútbol y la insistente propuesta de algunos amigos de San Felice, entre los que que se encontraban Pietro Passariello y Aniello Morrone, lo llevaron a convertirse presidente de la respetada Polisportiva Sanfeliciana, entrenada por Gianni di Marzio que años después fue entrenador de primera división con la sociedad deportiva Nápoles.
Tras años de trabajo en San Paolo Belsito, en 1989 construyó una nueva fábrica en la zona industrial de Polvica di Nola, limítrofe con San Felice a Cancello; de hecho, significó una vuelta a su tierra.

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